
PORTAFOLIO
Ayer estaba reunida online con el Sr. X (lo nombro así para respetar su identidad), #CEO de su compañía.
Él accedió a participar en un estudio personal que estoy haciendo para explorar y conocer cómo operan las #mentes de los #empresarios, #jefes y #líderes
En cierto momento el señor X me dijo:
— ¿Y tú quién te crees, una simple #coach, para hacer un estudio de la mentalidad de los ejecutivos?
A lo que le respondí:
¡Ser millonario no es una cuestión de cantidad, sino de habilidades!
Si eres de los que piensan que ganando la lotería vas a ser rico el resto de tu vida, estás engañándote a ti mismo, porque sería como esperar recoger manzanas de un árbol de naranjas.
¿Por qué?
Sencillo, porque puedes recibir todo el dinero del mundo, pero si no has desarrollado las habilidades necesarias y un plan para sostener tu riqueza por el resto de tu vida…
¿Por qué?
Antes de responderte el porqué, me gustaría que reflexionaras un segundo acerca de todo lo que te han enseñado en la gestión del tiempo…
¿Realmente te ha funcionado?… Necesitas de verdad gestionar tu tiempo o hay algo más allá que aún no te han explicado.
Se supone que debes gestionar tu tiempo para terminar tareas, llevar a cabo tu trabajo, cumplir con tus presupuestos, quitarte pendientes, entregar resultados y para descansar, en fin, para avanzar a dónde tú quieres llegar.
Imagínate que tienes 30 cosas por hacer a la vez y todas igual de importantes, las preguntas normales que te harías en un momento como este, serían
No es lo mismo vender comida que vender ropa. Tampoco es igual vender intangibles que vender servicios. Mucho menos, puedes comparar el vender mentoría con procesos de Coaching.
Cada producto o servicio que tú vendes, es un viaje diferente, porque requiere de ti, preparación y habilidades distintas.
Lo sé, porque me adentré en el mundo de las ventas treinta años atrás, cuando mi primer empleo consistía en vender ropa. El tratar con diferentes personas en un solo día, me encantaba, además porque era temporada decembrina y el flujo de gente era imparable.
De ese primer empleo,